¡Por fin ha llegado el momento! He subido mi primer libro a Amazon.
Lo cierto es que es una sensación extraña. Por un lado, es eufórica. Ver en una plataforma sería y de referencia, tu obra, es un gustazo. Ha pasado ya una semana desde que el libro apareció a la venta y aun me sonrío como un idiota cuando lo veo en el móvil. Aun disfruto del resultado del gran trabajo de estos últimos meses. Revisar la corrección que contraté. Luego la maquetación. La portada… Muchas horas frente al monitor para que todo tome la forma que tu imaginabas.
Pero por mucho que delegues ese trabajo en profesionales, al final eres tu el que va a dar la cara. El que va a recibir los elogios o las críticas. Y esa “tensión” contenida, también sale a relucir. Dicen los escritores profesionales que a ellos les sucede lo mismo. ¿Cuánto más no me va a suceder a mí, simple aficionado?
Intento no pensarlo. Intento apartarme de la obra. Intento pensar que cada cual debe juzgarla desde su propia idiosincrasia. Pero es inevitable sentir que muchos ojos están y estarán puestos sobre mí.
Y es una sensación contradictoria.
No por todo ello quiero dejar de animar a quienes, como yo, disfrutan de estos temas, a que hagan lo mismo. Que lo intenten. Bueno, mejor dicho, que no lo intenten. Que lo hagan. Porque el esfuerzo, a día de hoy, merece la pena.
Aunque no lo lea nadie. Aunque solo lo hagan tus allegados. Todo el trabajo, toda la tensión, merecen la pena: por ti.
Disfrútalo.
