
Últimamente esta expresión se usa en todas partes. No seré yo el que la critique. Quien más, quien menos, gusta de sentir que, en su trabajo diario, aporta algo. Ya sea como autónomo, ya sea como asalariado. Muchos piensan que los grandes sueldos se regalan. Y en ocasiones, así es. Pero en la mayoría de los casos, el que más aporta, suele cobrar más (seguro que se te ocurren mil injusticias, pero dejémoslo para otro momento).
¿A dónde voy? Vuelvo a centrar el tiro. Escucho la expresión “aportar valor”, y con sinceridad, aunque intento aplicármela aquí, en este humilde blog, no veo cómo hacerlo. Y es que claro, yo escribo por gusto. Por afición. Porque, quizás, lo necesite.
Y desde luego, escribo para entretener.
¿Qué me gustaría hacerme rico “a costa” de mis lectores? Por supuesto. No voy a ser cínico. Pero también puedo asegurarte que a cambio, al menos, espero haberte arrancado una sonrisa, una lagrima, haberte impactado con algún párrafo, o simplemente, hacerte soñar con lo que en realidad a ti te habría gustado leer. Y si no lo consigo, no me sentiré a gusto, por mucho que gane.
¿Puede que eso sea el aporte de valor que está en mi mano? Puede que sí. Puede que no. No quiero moralizar a nadie. No quiero imponer mis ideas a nadie. No quiero condicionar a nadie. Y aunque me gustaría, no me veo capacitado para enseñar a nadie. Pero puede que ese rato que has pasado en el metro, o en tu cama, leyendo algo que yo haya traído a este mundo desde mi imaginación, sea un pequeño aporte de valor.
Así lo espero.
¿Tú qué opinas? Te leo.
